miércoles, 7 de octubre de 2026

La Meditación: Instrucciones para señalar


 
Lo que sigue es un fragmento de mi capitulo en el libro de próxima publicación "Silencio Sagrado", un libro colectivo que reunirá distintas voces, experiencias y reflexiones en torno a la meditación.

En cualquier caso, cuando uno comienza el camino espiritual, puede ser importante la guía de un maestro: alguien que ya ha recorrido el camino antes que nosotros y tiene cierta realización del mismo. En algunas tradiciones no duales, este maestro ofrece, al principio, lo que se denomina “instrucciones para señalar”. Estas consisten en describirte la Naturaleza Real de la mente -la Conciencia- para que la reconozcas. Como la Conciencia es omnipresente, ya está al cien por cien presente en nuestra experiencia actual, sea esta cual sea. En tal caso, no se trata de cambiar nada, sino de reconocer esta Conciencia ya presente. De hecho, no tenemos que hacer nada; todo ya está surgiendo en nuestra Conciencia, solo tenemos que reconocerlo en nuestra experiencia actual tal y como es. Para ello sirven estas instrucciones. Además, si quien las transmite ya esta despierto y ya se reconoce como Conciencia, estas instrucciones son mucho más efectivas. Todos transmitimos nuestro estado en todo momento; si, por ejemplo, estamos tristes o alegres, tendemos a contagiar ese estado a nuestro alrededor. Por lo tanto, si estamos despiertos a nuestra identidad como Conciencia, será más fácil que podamos contagiar ese reconocimiento a los demás. Lo que sigue es mi propia versión de lo que serían unas instrucciones para señalar, basada en las enseñanzas que da Ken Wilber en muchos de sus libros. Querido lector, léelas con calma, tratando de experimentar y reconocer lo que se va describiendo.

Toma consciencia de tu cuerpo, siente cualesquiera sensaciones que estén presentes, sin importar cuáles sean o si son agradables, desagradables o neutras. Date cuenta de una cosa: las sensaciones están cambiando continuamente, pero tú permaneces en medio de ese flujo. Además, tú puedes ver esas sensaciones, luego tú no debes ser esas sensaciones. ¿Quién o qué eres tú?


Toma consciencia ahora de los sentimientos y emociones que surjan, sin importar si son agradables, desagradables o neutras. Date cuenta: los sentimientos y emociones también cambian continuamente, pero tú sigues ahí, intacto en medio del cambio emocional. Además, tú puedes ver surgir, desarrollarse y desaparecer todos esos sentimientos y emociones, así que tú debes ser distinto a ellos. ¿Quién o qué eres tú?

Observa ahora los pensamientos que continuamente atraviesan tu mente, surgen, permanecen un momento y desaparecen. Los pensamientos fluyen y cambian continuamente, pero tú sigues ahí, observándolos. Si puedes contemplar la mente y su contenido es que tú no eres ella. ¿Quién o qué eres tú?


Como Conciencia, eso que se da cuenta, permaneces mientras todo -sensaciones, emociones, pensamientos,...- cambian. Eres capaz de observar todo este movimiento sin importar si a tu pequeño yo le resulta agradable, desagradable o neutro. Si no eres nada de todo eso que cambia y, puedes ser consciente de ello... ¿quién o qué eres tú?

Reposando en esta Conciencia que atestigua todo en tu cuerpo, en tu mente y en el exterior, a través de las percepciones, respóndeme desde tu experiencia:
¿Cómo eres de grande?¿Tienes algún límite?
¿Dónde está surgiendo todo? ¿Hay algo fuera de ti que pueda amenazarte?¿Hay algo fuera de ti que puedas desear?
¿Cómo se ve desde aquí el sufrimiento del pequeño yo?¿Y sus esperanzas?

Como esta Conciencia Testigo, desde esta Mente Espejo, ¿cómo te relacionas con las cosas que surgen ante ti?
Por ejemplo, la pantalla en la que estás leyendo este texto. ¿Es realmente distinta a ti?. La sensación de la pantalla y tu sensación como Conciencia que la observa, ¿son distintas?. Extiende esta investigación a cualquier cosa de la que seas consciente ahora, sea una percepción exterior o una sensación, emoción o pensamiento. ¿Realmente eres distinto y estás separado de aquellos objetos que surgen ante ti?

Al exponerse a las instrucciones para señalar, si uno está lo suficientemente maduro, podría reconocer su Naturaleza Real e identificarse con esa Conciencia no dual. Sin embargo, esto no es lo más común. Generalmente, uno obtiene una comprensión que va desde un entendimiento casi meramente intelectual hasta una experiencia no dual directa, la cual puede ser de variable profundidad y duración. Lo positivo es que, a partir de entonces, ya hemos reconocido cuál es el norte de nuestra práctica meditativa; así, podemos disciplinarnos en la meditación bien orientados, sin perdernos en sus beneficios secundarios -que son muchos-. Podremos disfrutar de todos los beneficios físicos y mentales que la meditación nos brinda, pero seremos conscientes de cuál es el propósito más profundo de la práctica que realizamos: descubrir nuestra Naturaleza Última e identificarnos con ella, aprendiendo a vivir desde ahí.


lunes, 13 de mayo de 2024

La Meditación: más allá del pensamiento

  


Foto original: https://www.flickr.com/photos/fchungcw/5679436996/


Cuando empezamos a practicar la meditación, normalmente estamos identificados con nuestros contenidos mentales, con nuestro yo mental o psicológico. No somos conscientes de hasta qué punto nuestro diálogo mental es continuo; nuestra mente encadena continuamente pensamientos en una divagación continua que suele enfocarse hacia el pasado o hacia el futuro. Somos incapaces de vivir plenamente el presente, de observar nuestra mente y no hay huecos en nuestra actividad mental, es continua.

Una de las primeras cosas que ocurren con la meditación es la toma de conciencia de tal estado de cosas: del parloteo continuo de nuestra mente que nos impide vivir con plenitud el presente y nos lleva hacia el pasado o hacia el futuro, de lo muy identificados que estamos con ella, afectándonos mucho los pensamientos que tengamos. Ser conscientes de todo ello significa que comenzamos a ser capaces de observar la mente desde más allá de ella misma, desde más allá del pensamiento. Con el entrenamiento meditativo, nos volvemos cada vez más capaces de adoptar la postura del observador, atestiguando nuestro contenido mental.

Cuanto más capaces somos de observar nuestra mente, más nos vamos centrando en el presente, pues nos vamos dando cuenta de que incluso los pensamientos sobre el pasado o sobre el futuro surgen en el presente. En realidad, vamos reconociendo que no hay nada que experimentemos que no surja en el presente. No se trata de que tengamos que esforzarnos por enfocarnos en el presente pasajero, aunque esto puede ser una práctica necesaria sobre todo al principio, sino que podemos relajarnos en la consciencia de que todo lo que ocurre ya está en el presente.

Al situarnos en esa conciencia testigo, nuestra mente puede irse relajando y pueden empezar a aparecer huecos sin actividad mental. Esos huecos pueden irse agrandando según vamos profundizando en nuestra práctica meditativa y nos permiten disfrutar plenamente de esa conciencia testigo, de ese observador.

A medida que se va estabilizando, con la práctica, nuestra atención, podremos disfrutar cada vez más de nuestra conciencia observadora. Que esa conciencia permanezca igual cuando no hay actividad mental y que cuando la hay pueda observarla sin verse afectada por ésta, nos permite desidentificarnos gradualmente de nuestra mente, de nuestro yo psicológico o personal, que surge cuando la conciencia se identifica con nuestra mente y su contenido. Nos diferenciamos de nuestra mente y nos reconocemos como esa conciencia capaz de observarla.

La estabilidad que nos va dando la meditación en esa conciencia testigo nos permite reconocer que no tenemos límites. Puedes hacer el experimento de descansar ahora mismo en tu conciencia, y desde ahí busca en todas direcciones a ver si encuentras algún límite. Si crees ser consciente de alguno, date cuenta de esa conciencia consciente de él y repite la indagación con ella.

A medida que vamos descubriéndonos como conciencia ilimitada y vamos ganando estabilidad en ese reconocimiento, gracias a la práctica meditativa, iremos accediendo a una paz, un bienestar y una plenitud que desde nuestro disperso yo psicológico ni siquiera podemos sospechar que existen. Tal es la satisfacción plena a la que vamos accediendo cuando, gracias al adiestramiento meditativo, nos adentramos en los dominios de la conciencia, más allá del pensamiento.




viernes, 3 de mayo de 2024

Espiritualidad y religión: una visión integral







 

En este vídeo reflexiono sobre la relación entre la espiritualidad y la religión, sobre cuál de ellas es más beneficiosa y sobre si es deseable una espiritualidad sin religión.







viernes, 12 de mayo de 2023

La Meditación: el reconocimiento de lo que jamás podemos perder

 




Todo lo que experimentamos en nuestra vida, todas nuestras experiencias, se caracterizan porque surgen en el tiempo: tienen un comienzo, duran un tiempo y terminan. De hecho, una de las fases más duras que se describen en el entrenamiento de la meditación vipassana es la percepción de la disolución, en la que se percibe el final de todos los fenómenos, como terminan o se disuelven. Suele ser una fase muy dura porque, cuando el meditador se da cuenta de lo que esa experiencia de la disolución de todos los fenómenos significa, tiene que asumir y comprender profundamente que todo aquello a lo que se aferraba para ser feliz está destinado a defraudarle, pues va a desaparecer. Significa comprender profundamente que no hay nada solido y duradero a lo que podamos aferrarnos para ser felices, todo terminará, toda experiencia tiene un comienzo y un fin. Una cosa es entender esto intelectualmente y otra cosa es la desolación que se puede sentir al vivirlo directamente en esta fase avanzada de la meditación vipassana. Para ir más allá de esta fase se desarrolla el deseo de liberación: ya que nada puede proporcionarme un felicidad profunda, estable y duradera, porque todo está condenado a desaparecer, solo se puede encontrar la felicidad en la liberación de todo ello, en la experiencia del Nirvana, la cesación de todos los fenómenos transitorios, la "experiencia" de quiénes somos más allá de todo ello. Se le atribuye al Buda histórico esta cita:


"Hay, monjes, algo no nacido, no originado, no creado, no constituido. Si no hubiese, monjes, ese algo no nacido, no originado, no creado, no constituido, no cabría librarse de todo lo nacido, originado, creado y constituido. Pero puesto que hay algo no nacido, no originado, no constituido, cabe liberarse de todo lo nacido, creado y constituido."

Por una parte tendríamos todos los 
fenómenos y experiencias - originados, creados y constituidos- y por otra parte tendríamos el espacio en el que todos esos fenómenos y experiencias surgen - no creado, no originado, no constituido-. Ese espacio podemos reconocerlo ahora como nuestra Conciencia Testigo. Ahora mismo nuestra Conciencia es el espacio en el que surge lo que sea que estemos experimentando, sean percepciones, sensaciones, pensamientos, etc., puede ver el surgir y el desaparecer de todas esas experiencias, pero en sí misma ni surge ni desaparece, es omnipresente, estemos reconociéndola o no, pero todo surge siempre ya en ese espacio. Cuando esa Conciencia se absorbe en sí misma, Conciencia pura sin objeto, sin experiencia, tenemos el Nirvana, estado que generalmente requiere mucha práctica meditativa. Sin embargo, podemos empezar por reconocer nuestra Conciencia Testigo ahora mismo, eso es mucho más fácil. La Meditación busca reconocernos como esa Conciencia en la que todo surge y que dejemos de cometer el error de identificarnos con algunas de las cosas que surgen en ella, como este cuerpo, esta mente y este yo mental, que ni si quiera son sujetos reales, pues pueden ser vistos como objetos desde la conciencia. Desde ahí no son "yo" si no "mi" o "mío". No es lo que yo soy, pero son parte de mi. Se dice que esa errónea identificación con lo que no somos es la que causa el sufrimiento (no el sufrimiento neurótico, sino el inherente a la contracción de sentirse un yo separado) y la meditación sería la forma de revertir esa ilusión y tomar consciencia de quienes somos realmente, con toda la plenitud y libertad que acompaña ese despertar.

A veces a la Conciencia Testigo se le llama "Yo Real", porque es un sujeto real que no puede convertirse en un objeto, no puedes verla, solo puedes descansar como ella. 


Esa Conciencia Testigo no es ninguna experiencia en sí misma, si no que es el espacio en que surgen todas las experiencias, la Conciencia en la que surgen todas ellas. Dentro de ese espacio transcurre todo lo que es temporal, pero esa conciencia en sí no es tocada por el tiempo, no comienza, no termina, es omnipresente. No podemos conseguirla o traerla a la existencia, solo podemos reconocer que ya está presente. Y como no entra en la corriente del tiempo, estamos reconociendo algo que no termina en el tiempo, que no podemos perder. de ahí el titulo de esta entrada de mi blog: "el reconocimiento de lo que jamás podemos perder". Reconocemos algo omnipresente, algo no sujeto al tiempo y a la transitoriedad. Y descubrimos que somos eso.

Esa es la diferencia de la Meditación frente a cualquier otra búsqueda de satisfacción en las experiencias: lo que consigamos con las experiencias irremediablemente nos va a defraudar, solo eso que no es una experiencia, y que no podemos conseguir ni perder puede reportar una satisfacción, una libertad y una plenitud profundas. Y desde ahí podemos disfrutar (o sufrir) las experiencias sin esperar que nos den eso que no pueden darnos, eso que solo nos lo puede reportar el reconocimiento de lo que somos.

Por supuesto, hay experiencias meditativas en los niveles sutiles y causales, de las que hablaremos en futuras entradas del blog, pero no son la realización última*. Aunque pueden ser mucho más reales y más plenas que nuestras experiencias en el estado de vigilia, siguen siendo experiencias transitorias, y, aunque deben ser integradas como parte de nuestro ser, no tienen el mismo valor que el de reconocernos como eso que no es una experiencia, y que es el espacio en el que surgen todas la experiencias, las del estado de vigilia y las de los estados sutiles y casuales.

Y eso jamás lo podemos perder. Solo tienes que reconocer que todas tus experiencias ya están surgiendo en ese espacio de tu conciencia, dejar de identificarte con lo que está surgiendo en ti como ese espacio e identificarte como esa Conciencia. Ese es el viaje que nos propone la meditación y que iremos desgranando en futuras entradas de blog.

*Técnicamente, la identificación constante con la Conciencia Testigo no es la realización última que puede alcanzarse con la Meditación, más allá está el reconocimiento no dual, el reconocimiento de que la Conciencia Testigo y lo atestiguado son no dos, reconocernos como uno con todo lo que surja sin que haya un sujeto aparte.




viernes, 20 de mayo de 2022

La Meditación: primeros pasos en el refugio interior.



En una entrada anterior explicábamos como mientras la psicología occidental y la psicoterapia sirven para tratar el sufrimiento neurótico, la meditación sirve para superar la infelicidad ordinaria o cotidiana, esa que no tiene que ver con una patología psicológica, sino con el hecho de vivir identificado con nuestro cuerpo/mente y el yo psicológico que lo acompaña. Por cierto, esa entrada estaba inspirada por este diálogo entre Terry Patten y el psicólogo de Harvard y maestro de las prácticas más elevadas o avanzadas del budismo tibetano Daniel P Brown, y ambos han fallecido recientemente. Les estaré eternamente agradecidos por sus contribuciones a la práctica integral (Terry) y a la enseñanza avanzada de la meditación (Daniel).


Uno empieza a meditar muy atrapado en las fluctuaciones mentales, dejándose llevar por los pensamientos, pero, si uno persiste en la práctica, puede ir logrando cierta elevación sobre dichas fluctuaciones mentales. No se trata de que los pensamientos cesen, aunque los espacios entre ellos de profundo silencio interior pueden agrandarse, lo que ocurre es que, haya pensamientos o no, vamos adquiriendo la capacidad de mantenernos en ese trasfondo más amplio de claridad que es nuestra conciencia. Se suele comparar a la conciencia con el cielo y a los pensamientos con las nubes: las nubes pasan, pero el cielo se mantiene inmutable en el trasfondo. De la misma forma los pensamientos vienen y van, pero nuestra conciencia permanece inmóvil contemplando todo ese movimiento. Esta capacidad de contemplar con ecuanimidad nuestras fluctuaciones mentales se va incrementando con la práctica de la meditación.

Dos de los síntomas de esa infelicidad de la que hablábamos al principio son la carencia y el miedo. La carencia tratamos de cubrirla persiguiendo todo tipo de deseos, gratificaciones sustitutorias que nunca acaban de funcionar, porque nada puede llegar a sustituir satisfactoriamente la plenitud de la conciencia. El miedo, aunque tiene su función protectora en el día a día, nos hace contraernos impidiendo que nos abramos plenamente a lo que quiera que se presente en nuestras vidas. Pues bien, ya en los primeros pasos de nuestra práctica meditativa podemos ir viendo como se alivian esos dos síntomas. Y es que cuando adquirimos la capacidad de ser conscientes de algo, de atestiguarlo, lo estamos trascendiendo desde una conciencia que está libre de eso que estamos atestiguando.

Cuando somos conscientes de esa carencia que mencionábamos, ya no estamos identificados con esa carencia, sino que la vemos como un objeto. Y vamos descubriendo que esa conciencia que es testigo de la carencia no la tiene en sí misma, sino que va acompañada de una gran sensación de plenitud, pues esa conciencia, al no tener limites y abarcarlo todo, no tiene nada fuera de sí misma que pueda desear. Nuestro cuerpo/mente seguirá teniendo sus necesidades y deseos, pero como conciencia vamos descubriendo una plenitud, con la sensación de que era lo que siempre habíamos estado buscando, aún sin saberlo, y por intuirla pero no saber dónde estaba, la buscábamos en la satisfacción de todo tipo de deseos.

Asimismo, nos vamos haciendo consciente de nuestros miedos y vamos descubriendo que como conciencia estamos libres de ellos. La razón, en última instancia, es que no hay nada ajeno a la conciencia que pueda amenazarla, pues ella lo abarca todo. Ser conscientes de nuestros miedos nos libera de ellos, nos 
sitúa en ese observador que está más allá del miedo. No obstante, a nivel relativo, el miedo seguirá teniendo su importancia para que nos protejamos ante posibles peligros. Trascenderlo no significa reprimirlo, sino poder integrarlo para que pueda realizar su función.

Es así como ya en los pasos iniciales de la experiencia meditativa vamos teniendo las primeras experiencias en que reconocemos una plenitud profunda, la que buscamos persiguiendo distintos deseos, pero que la satisfacción de ninguno de ellos nos podía reportar, porque eran meras gratificaciones sustitutorias para conseguir esa plenitud que intuíamos, pero que al no saber dónde estaba, la buscábamos por medios que nos impedían encontrarla. También vamos reconociendo una libertad desde más allá del miedo, una paz y una tranquilidad que superan con mucho las que podamos conseguir protegiéndonos y consiguiendo condiciones estables y seguras, lo cual seguirá siendo necesario, claro.

viernes, 21 de mayo de 2021

La Meditación: del deseo del ego al anhelo del alma.


"Al estado supremo no se va, usted es el estado supremo"
Nisargadatta Maharaj

La practica de la Meditación consiste, en su esencia, en sentarse en el reconocimiento de ese estado supremo que no podemos alcanzar porque ya lo somos, ya está totalmente presente, solo podemos reconocerlo. Cuando practicamos así, la mente, esa mente tan incansable e inquieta que tenemos, se va tranquilizando. En realidad son todo el cuerpo-mente y su sensación de identidad asociada- el ego- los que se tranquilizan. Desde esa tranquilidad y el silencio pueden empezar a emerger niveles mucho más amplios, pacíficos y plenos de conciencia. Y digo amplios porque se experimentan literalmente como una expansión más allá de nuestro ego asociado al cuerpo-mente.

Cuando estamos disfrutando de esos estados expansivos más allá de nuestro pequeño yo, son tan gozosos, que podemos desear intensificarlos o que no se acaben. Pero no funciona, cuando deseamos así, generalmente ese deseo hace que el estado expansivo se termine, volviendo a contraernos a nuestra sensación de identidad habitual con el pequeño yo o ego (pequeño, sobre todo en comparación con la conciencia que se expande hasta perder los limites). Y ello ocurre así porque ese mismo deseo surge de nuestro ego, en cierto sentido es nuestro ego, por ello cuando deseamos disfrutar del estado meditativo, lo perdemos y nos contraemos a nuestra identidad habitual.

Más allá de los deseos del ego está el anhelo del alma, que, desde capas de la psique más profundas que la mente, nos lleva a dejarnos ser y dejarnos hacer por la meditación, permitiendo que nuestro estado se expanda a niveles más sutiles, plenos y gozosos. Lo que busca el alma con su anhelo es esa plenitud, esa satisfacción plena, esa vuelta a nuestro hogar real que todos intuimos. Tenemos esa intuición pero no sabemos donde hallar eso que tanto anhelamos, y por eso lo buscamos a través del deseo persiguiendo cosas que acaban siendo meras gratificaciones sustitutorias y que nunca acaban de satisfacernos.

Esa es la relación entre el deseo y el anhelo, con el deseo nuestro pequeño yo busca esa plenitud y esa satisfacción plena que intuye, pero que nunca acaba de conseguir y que solo empieza a atisbarse cuando silenciamos nuestro cuerpo-mente, nuestro ego, y nos dejamos llevar a lo profundo por el anhelo del alma. Este anhelo, aunque sea mezclado con muchas otras motivaciones personales, es el que nos lleva a comprometernos con una practica espiritual contemplativa. Puede surgir espontáneamente o después de haber tenido una experiencia
 espiritual cumbre o meseta, que hace que nos pongamos a practicar para recobrar ese nivel de consciencia de forma más estable e integrada.

Además de la Meditación, viene bien algún tipo de practica para ejercitar el mantenerse en esa conciencia meditativa, en esa presencia consciente, en la acción de nuestras vidas cotidianas, y no meramente mientras nos sentamos a meditar. En mi caso esa práctica es el Yoga Dinámico, en el cual se fluye a través de movimientos y se adoptan determinadas posturas con exquisita sensibilidad al cuerpo y sus sensaciones. Uno siente las sensaciones del cuerpo desde esa presencia consciente meditativa, un adiestramiento ideal para luego mantener esa conciencia en los distintos momentos de nuestra vida cotidiana. Por supuesto, para eso se puede usar cualquier otra practica psicofísica de las distintas tradiciones espirituales: hatha yoga en general, taichi, etc.

Al final, como el estado supremo es omnipresente, no hay momento ni lugar en que no esté ya plenamente aquí y ahora, de lo que se trata es de ir cultivando ese reconocimiento para ir viviendo nuestras vidas, cada vez más constantemente, desde esa libertad (porque la conciencia no está atada a ninguno de sus objetos) y plenitud (porque la conciencia lo puede abarcar todo en un abrazo integral).


martes, 19 de mayo de 2020

El propósito de la Meditación






"Nosotros en Occidente estamos acostumbrados a tratar nuestra infelicidad cotidiana con la psicoterapia. Sin embargo, como señala Freud en El malestar en la cultura (Civilization and Its Discontents), el psicoanálisis exitoso meramente alivia el sufrimiento neurótico, pero no aborda la infelicidad cotidiana. El budismo continua donde lo deja la terapia exitosa, abordando la infelicidad cotidiana y como superarla."

Daniel P Brown. Pointing Out the Great Way: The Stages of Meditation in the Mahamudra Tradition.



Escuchando esta entrevista de Terry Patten al psicólogo de Harvard y maestro de las prácticas más elevadas o avanzadas del budismo tibetano Daniel P Brown, le oí decir algo que me inspiró para escribir esta entrada de blog. Contaba como la psicología occidental y la psicoterapia sirven para aliviar el sufrimiento neurótico, pero nos dejan con la infelicidad cotidiana u ordinaria, y es la meditación la que nos ayuda a superar esta última.


Por infelicidad ordinaria o cotidiana se refiere a lo que los budistas denominan duka, que es la insatisfacción que experimentamos por estar identificados con un yo separado, por creernos que eso es lo que somos. Esta insatisfacción se supera desmantelando esa ilusión, y descubriendo quienes somos realmente más allá de ese pequeño yo, descubriendo por experiencia que somos esa conciencia abierta y sin límites (Gran Mente) dentro de la cual surgen todos los objetos. Y desde esa conciencia descubriremos el error que cometíamos: ese yo con el que estábamos identificados ni siquiera es un sujeto real, no es más que otro objeto que surge dentro de esa amplitud que somos.


Esa identificación ilusoria con nuestro pequeño yo es la causa de una insatisfacción o infelicidad que va a estar ahí por mucha psicoterapia que hagamos, porque un yo sano sigue siendo un yo separado. Y, si somos la Gran Mente, esa conciencia plena y sin limites, jamás nos va a resultar satisfactorio estar identificados con un pequeño yo limitado, por muy bien que esté ese yo. Nunca nos vamos a encontrar satisfechos siendo menos que la Gran Mente. 

En el fondo intuimos esa plenitud y esa satisfacción profunda que somos, pero no sabemos donde está. Así, como explica Ken Wilber en El proyecto atman, vamos por la vida buscándolas donde no podemos hallarlas, persiguiendo gratificaciones sustitutorias que siempre acaban decepcionándonos, nunca nos traen esa satisfacción profunda y plena que esperamos. Solo cuando a través de la meditación descubrimos la plenitud profunda y sin límites que somos y dejamos de usar lo que deseamos como gratificaciones sustitutorias, no esperaremos que nada reporte esa satisfacción profunda, porque ya la tendremos nosotros, y entonces podremos disfrutar plenamente de lo que sea , sin cargar a las cosas con el peso insoportable de sustituir al Espíritu.

Y este descubrimiento e identificación con nuestra naturaleza real es algo que se va produciendo a través de toda una serie de fases, que podemos resumir, siguiendo a Ken Wilber, en sutil, causal, Testigo y no dual. Sobre cada uno de estos estadios de la práctica meditativa hablaremos en futuras entradas de blog.