Lo que sigue es un fragmento de mi capitulo en el libro de próxima publicación "Silencio Sagrado", un libro colectivo que reunirá distintas voces, experiencias y reflexiones en torno a la meditación.
En
cualquier caso, cuando uno comienza el camino espiritual, puede ser
importante la guía de un maestro: alguien que ya ha recorrido el
camino antes que nosotros y tiene cierta realización del mismo. En
algunas tradiciones no duales, este maestro ofrece, al principio, lo
que se denomina “instrucciones para señalar”. Estas consisten en
describirte la Naturaleza Real de la mente -la Conciencia- para que
la reconozcas. Como la Conciencia es omnipresente, ya está al cien
por cien presente en nuestra experiencia actual, sea esta cual sea.
En tal caso, no se trata de cambiar nada, sino de reconocer esta
Conciencia ya presente. De hecho, no tenemos que hacer nada; todo ya
está surgiendo en nuestra Conciencia, solo tenemos que reconocerlo
en nuestra experiencia actual tal y como es. Para ello sirven estas
instrucciones. Además, si quien las transmite ya esta despierto y ya
se reconoce como Conciencia, estas instrucciones son mucho más
efectivas. Todos transmitimos nuestro estado en todo momento; si, por
ejemplo, estamos tristes o alegres, tendemos a contagiar ese estado a
nuestro alrededor. Por lo tanto, si estamos despiertos a nuestra
identidad como Conciencia, será más fácil que podamos contagiar
ese reconocimiento a los demás. Lo que sigue es mi propia versión
de lo que serían unas instrucciones para señalar, basada en las
enseñanzas que da Ken Wilber en muchos de sus libros. Querido
lector, léelas con calma, tratando de experimentar y reconocer lo
que se va describiendo.
Toma
consciencia de tu cuerpo, siente cualesquiera sensaciones que estén
presentes, sin importar cuáles sean o si son agradables,
desagradables o neutras. Date cuenta de una cosa: las sensaciones
están cambiando continuamente, pero tú permaneces en medio de ese
flujo. Además, tú puedes ver esas sensaciones, luego tú no debes
ser esas sensaciones. ¿Quién o qué eres tú?
Toma
consciencia ahora de los sentimientos y emociones que surjan, sin
importar si son agradables, desagradables o neutras. Date cuenta: los
sentimientos y emociones también cambian continuamente, pero tú
sigues ahí, intacto en medio del cambio emocional. Además, tú
puedes ver surgir, desarrollarse y desaparecer todos esos
sentimientos y emociones, así que tú debes ser distinto a ellos.
¿Quién o qué eres tú?
Observa ahora los pensamientos que continuamente atraviesan tu mente, surgen, permanecen un momento y desaparecen. Los pensamientos fluyen y cambian continuamente, pero tú sigues ahí, observándolos. Si puedes contemplar la mente y su contenido es que tú no eres ella. ¿Quién o qué eres tú?
Como
Conciencia, eso que se da cuenta, permaneces mientras todo
-sensaciones, emociones, pensamientos,...- cambian. Eres capaz de
observar todo este movimiento sin importar si a tu pequeño yo le
resulta agradable, desagradable o neutro. Si no eres nada de todo eso
que cambia y, puedes ser consciente de ello... ¿quién o qué eres
tú?
Reposando
en esta Conciencia que atestigua todo en tu cuerpo, en tu mente y en
el exterior, a través de las percepciones, respóndeme desde tu
experiencia:
¿Cómo eres de grande?¿Tienes algún
límite?
¿Dónde está surgiendo todo? ¿Hay algo fuera de ti
que pueda amenazarte?¿Hay algo fuera de ti que puedas desear?
¿Cómo
se ve desde aquí el sufrimiento del pequeño yo?¿Y sus esperanzas?
Como
esta Conciencia Testigo, desde esta Mente Espejo, ¿cómo te
relacionas con las cosas que surgen ante ti?
Por ejemplo, la
pantalla en la que estás leyendo este texto. ¿Es realmente distinta
a ti?. La sensación de la pantalla y tu sensación como Conciencia
que la observa, ¿son distintas?. Extiende esta investigación a
cualquier cosa de la que seas consciente ahora, sea una percepción
exterior o una sensación, emoción o pensamiento. ¿Realmente eres
distinto y estás separado de aquellos objetos que surgen ante ti?
Al
exponerse a las instrucciones para señalar, si uno está lo
suficientemente maduro, podría reconocer su Naturaleza Real e
identificarse con esa Conciencia no dual. Sin embargo, esto no es lo
más común. Generalmente, uno obtiene una comprensión que va desde
un entendimiento casi meramente intelectual hasta una experiencia no
dual directa, la cual puede ser de variable profundidad y duración.
Lo positivo es que, a partir de entonces, ya hemos reconocido cuál
es el norte de nuestra práctica meditativa; así, podemos
disciplinarnos en la meditación bien orientados, sin perdernos en
sus beneficios secundarios -que son muchos-. Podremos disfrutar de
todos los beneficios físicos y mentales que la meditación nos
brinda, pero seremos conscientes de cuál es el propósito más
profundo de la práctica que realizamos: descubrir nuestra Naturaleza
Última e identificarnos con ella, aprendiendo a vivir desde ahí.
